REFLEXION DOMINICAL, 18 DE AGOSTO, 2019

- Estamos celebrando el décimo domingo, después de Pentecostés, donde la vida de fe nos va exigiendo mayor entrega, para poder cambiar este mundo que se vuelve más al materialismo, que pone las cosas sobre Dios mismo.

- No se puede vivir con envidias, buscando como explotar a nuestros hermanos y volverlos mercancías, sino viéndolos y tratándolos con la misma dignidad y grandeza como la nuestra, no hay nadie superior ni nadie inferior, ni porque sacar ventajas sobre los otros; debemos de erradicar de entre nuestros países esas fuerzas extranjeras que pagan para manipular, engañar y luego llevarse nuestras riquezas, pero es tan triste encontrarnos con esos seres que nos venden y se quedan con las ganancias sin importar nuestra dignidad.

- Dios nos invita a vivir en su infinito amor, y saber descubrir que su amor y su ternura son para siempre. Y quien a él tiene nada le falta.

- Seguimos con la miseria de la persecución contra nuestros hermanos los inmigrantes, con las redadas y toda clase de infundir miedo; mientras el presidente en lugar de tomar responsabilidad como los niños quiere ver culpables a otros, mientras se es el fomentador de las situaciones críticas a nivel mundial, pero se vive imponiendo sanciones a otras naciones, personas individuales, buscando vender las armas y no se hacen leyes que limiten estos instrumentos de muerte y que la vida florezca con dignidad.